Alboroque

  • Diario Digital | viernes, 22 de noviembre de 2019
  • Actualizado 12:08

AVANZA EL DETERIORO DEL CASTILLO DE SAN JULIÁN, BASE DE ANTENAS PROHIBIDAS POR LA LEY

¿Quién protege al guardián?

La Ley de Patrimonio Cultural de la comunidad establece en su artículo 38 que en bienes declarados de interés cultural “no podrá instalarse (…) cables, antenas y todo aquello que impida o menoscabe la apreciación del bien”. El castillo de San Julián de Cartagena es bien de Interés Cultural desde 1997, sin embargo, cuando se levanta la mirada hacia el monte que flanquea la bahía por su margen derecho, lo que se ve es un manojo de torres metálicas clavadas sobre la grupa del monumento. Una visita revela su progresivo deterioro. La fortaleza creada para guardar la ciudad languidece sobre el monte como un gigante lanceado. 
 

¿Quién protege al guardián?

La fortaleza de San Julián ha sido emplazamiento de cañones, prisión, escenario de explosiones y asaltos históricos; testigo y protagonista de la historia de Cartagena desde que en 1707 los ingleses, que en su lucha contra los franceses en la Guerra de Secesión, decidieron emplazar en lo más alto de ese monte una torre circular para 20 hombres, con almacén de pólvora, víveres y aljibe. Entorno a esa construcción se mantendría siempre desde entonces una posición artillada aunque el fuerte definitivo no se terminase hasta 1883.

El almirante Leake -uno de los protagonista de la toma de Gibraltar- entendió la importancia de fortificar el punto más alto de la bahía -292 metros-y los ingenieros de Carlos III lo incorporaron a sus planes defensivos para una de las primeras plazas militares españolas. El resultado de sus trabajos fue un fuerte con foso, puertas levadizas y gruesos muros artillados que, según la tesis de Guillermo Guimaraes, fueron los últimos en tener diseño abaluartado en España. Hay quien, directamente, lo considera el último castillo defensivo construido en Europa.

Desde la fortaleza se domina todo el campo de Cartagena, su costa oeste desde Escombreras, cabo Cope y la costa almeriense; por el este, parte del Mar Menor y La Manga. Las vistas atraen senderistas, ciclistas y visitantes que -con escasas excepciones- valoran y respetan el castillo y su entorno.  


Cables y antenas
Esa consideración contrasta con el uso del monumento como base para antenas. Su presencia aparece denunciada como “elementos distorsionantes” en la ficha del catálogo de Bienes de Interés Cultural del Ayuntamiento. Fuentes municipales afirman que las antenas del Ayuntamiento comenzaron a trasladarse hace una década desde ese emplazamiento hacia el monte Calvario, para alejarlas del BIC, pero el castillo sigue colonizado por un número de antenas mayor que el que había cuando el Estado lo vendió a Telefónica.

Ya en 1970, el ministerio de Defensa permitió a Radio Nacional y Televisión Española que instalasen antenas repetidoras y a ellas se fueron añadiendo instalaciones de redes policiales. Su posición -puente entre Cartagena y Escombreras, visible desde Carrascoy y las costas alicantina y almeriense-  siguen haciendo ese emplazamiento deseable para nuevos proyectos de comunicaciones y esa fue la razón por la que fue adquirida al Estado por Telefónica.

Las antenas estás desplegada sobre varias torre visibles desde la ciudad, pero también directamente sobre la torre del XVIII, y están conectadas y alimentadas mediante gruesos cables que recorren muros y penetran en las edificaciones.

Su impacto visual no se ha aminorado con la incorporación de nuevas tecnologías, más bien lo contrario: las nuevas torres son más altas y están pobladas de antenas telescópicas, parabólica o de tambor, de más tipos y en mayor número que las iniciales.

Al tiempo que cece el número de antenas y su tamaño, se aprecian nuevos desperfectos en el edificio. Entre los que aparentan mayor gravedad se encuentra el desplazamiento del muro que cierra el patio por el norte.  Su deformación podría estar relacionada con las filtraciones visibles sobre una rampa de acceso a su parte alta.

Telefónica calla
Si telefónica tiene en la actualidad algún plan contra el impacto visual de sus instalaciones, no ha considerado interesante compartirlo con los lectores de Alboroque. Tampoco ha contestado si tiene constancia del deterioro de la instalación o si alguna administración se ha dirigido a la empresa para reclamarle el cumplimiento de sus obligaciones como propietaria del inmueble protegido.

La Ley de Patrimonio Cultural establece en su artículo 8 que los propietarios de bienes que, como el castillo,  están declarados de Interés Cultural están obligados a “ conservarlos, custodiarlos y protegerlos para asegurar su integridad y evitar su destrucción o deterioro”.

Polvorín y prisión
Los muros del edificio han sido testigos de importantes pasajes de la historia española. La sublevación cantonal se produjo con el castillo sin terminar, lo que no evitó que durante el bombardeo de las fuerzas centralistas allí se hiriese mortalmente su gobernador -al parecer por la explosión de una pieza de artillería- y que en 1886 y gracias a ayuda desde el interior, la instalación fuera ocupada temporalmente por republicanistas dirigidos por el murciano Antonete Gálvez.
 
A pesar de estos avatares, la única vez que el castillo sufrió daños de consideración fue durante una explosión fortuita de su taller de proyectiles en 1898. La detonación se llevó muros enteros de su baluarte sur y provocó una carnicería sobre los cuerpos de 16 muertos y ocho decenas de heridos; una tragedia más en el año del fin de las colonias.

La fortaleza fue utilizada como prisión militar en la Guerra Civil y en la posguerra, aunque su principal cometido sería siempre la defensa del puerto. Para ello el destacamento del castillo daba servicio a una batería construida a finales del XIX y renovada periódicamente con piezas más potentes, que hacían inexpugnable la dársena, y la protegían en fuego cruzado con los cañones emplazados al otro lado de la bocana, en el monte de Galeras.