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  • Diario Digital | lunes, 10 de agosto de 2020
  • Actualizado 18:32

EL DIRECTOR DE CECILIO PINEDA TRASPASA LA SAGA FAMILIAR, DE AFICIÓN A PROFESIÓN

“Jugando a ser otro te encuentras contigo mismo, parece surrealista pero es cierto”

 

Julio Navarro Albero proviene de una larga tradición de artistas teatrales. Así lo muestra la compañía familiar Cecilio Pineda que inició su bisabuelo en 1907, y que mantiene la inaudita tradición de, cada noviembre, representar el Don Juan Tenorio en el preciado Teatro Romea de Murcia. Una obra que ya en pocas Comunidades de España se representa.

Con una estética y puesta en escena cuidadas, la compañía ha sido invitada a lugares fuera de la región como Alcalá de Henares, y ha sido noticia en la televisión, radio y prensa nacional. “Solo nos reunimos para realizar la obra de Don Juan Tenorio, ahora que llevo la compañía he querido darle un estilo más profesional, con actores externos a la saga familiar”, dice el director de Cecilio Pineda.

Albero es actor profesional en el grupo Alquibla Teatro. Desde 2003 lleva realizando con ellos clásicos como Bodas de sangre, Cyrano de Bergerac, Las bodas de Fígaro, La malquerida… y recientemente estrenaron Los caciques. Combina su profesión con la enseñanza no formal, como educador de ocio y tiempo libre, algo que, sin duda,  mantiene un vínculo estrecho con la espontaneidad, la libertad y la sensibilidad que precisan las artes escénicas.

Durante la entrevista hablamos de la relación entre los jóvenes y esta forma de entretenimiento, que bien puede ser considerada también una forma de terapia personal cuando es ejercida:

“Jugando a ser otro te encuentras contigo mismo, parece surrealista pero es cierto”

P. ¿Cree que los jóvenes están desligados del arte teatral?

Esto son mitos, y épocas. Ahora parece que todo se basa en la tecnología, en el mundo informático, mediático… tablets, teléfonos, etc.

Pero también hay muchos jóvenes con inquietudes. Ahora están surgiendo muchos espacios teatrales nuevos en la Región, en viejas casas de la huerta, viejas fábricas… con gente joven haciendo cosas nuevas y alternativas muy interesantes. Sitios como La chimenea escénica o Los pájaros, de encuentro y creación.También está usándose el microteatro como alternativa. En Madrid se hace en zaguanes o pisos particulares, para un público aproximado de 10 personas y un precio económico de 5€.

El teatro forma parte de esos viejos lenguajes necesarios, porque sino estaríamos en un mundo robotizado prácticamente: con una falsa comunicación, donde se pierden sentidos como el tacto, la vista, el olfato… Hoy en día falta proximidad. Las artes escénicas en general dan fisicidad y proximidad. Incluso el error es una parte constitutiva en este tipo de arte: humaniza. Es parte de la puesta en escena, de ese contacto directo y del hecho de que no somos máquinas.

P. ¿Consideras difícil que las mentalidades jóvenes encuentren la magia en los clásicos?

Tienen que dar el paso, es decir, no puedes decir que algo te gusta si no lo has probado. En el caso del Tenorio va mucha gente joven, de Colegios, Institutos... Y se sorprenden.

Es cierto que es difícil, porque ahora mismo la gente joven vive en la inmediatez. En contraste, el teatro clásico tiene tiempo y tempo: tienes que ir a verlo, sentarte, y la obra dura lo que dura, tiene un ritmo determinado, puede que hablen en verso… Requiere de un esfuerzo cultural de atención y de escucha.

Por otro lado, las tramas si son universales: el amor, los celos, los enredos, la muerte, la envidia, la corrupción…

No podemos reescribir la historia o rehacer la obra por un cambio en la sociedad. Es como si volviéramos a pintar ahora Las Meninas, perdería su esencia. En los clásicos hay quien mata, hay violaciones…pero no por eso dejan de ser obras de arte.

Don Juan es un mito del hombre, en el sentido del poder, el sexo, el dinero, la ambición, el dominio, la guerra, el alcohol… pero Zorrilla equilibra ese lado oscuro, poniendo en otro lado a Doña Inés; y Don Juan pide perdón por ella, y se arrepiente de sus males por amor.

Además, el final es gloriosamente femenino: es ella la que salva a Don Juan, redime a la bestia. Por lo tanto, si existe un equilibrio de fuerzas entre el bien y el mal, o entre lo femenino y masculino.

Hay que leer bien, no quedarse en lo maniqueo. No todo es bueno o malo.

Julio Navarro junto con sus compañeros de actuación, en la representación de “Don Juan Tenorio” en el Romea.

Respecto a “Don Juan Tenorio” ¿Qué valores personales o costumbres crees que se pueden rescatar de la obra, que se hayan perdido en estas nuevas generaciones?

Piensa que representa la España del imperio: la exaltación de la individualidad, el hombre por el hombre, lo que era el renacimiento…

La parte que me gusta a mi por ejemplo es la galanura, ese trato que no es malo, que parece que ahora actúas así y es un acto machista. La seducción forma parte también de las personas, hombres y mujeres, iguales en derechos, pero diferentes entre nosotros. No somos amebas, tenemos sentimientos y formas. Hay un concepto de seducción mutua, es un juego al que no deberíamos dejar de jugar.

Yo siempre he actuado así con las mujeres, y nunca he tenido un problema de que me tachen de machista. He hecho las cosas con encanto, y con respeto; tratando bien a la persona y haciéndola sentir bien.

Siendo conscientes de este cambio en las relaciones sociales y de pareja, y ya que te has puesto tantas veces en la piel del personaje, si tuvieras que hacer un símil entre el Don Juan de aquella época y un hombre actual ¿cómo sería ese Don Juan moderno? ¿y Doña Inés?  

Existe aún hoy, parte del concepto de la “Don juanería”. Sigue existiendo el hombre dominador, con dinero, con la mejor moto o coche, que es un líder social, admirado por hombres y seductor para las mujeres. Lógicamente la mujer no es tan cándida como en 1500 (dice riendo). No es tan fácil de engañar.

Pero hoy día fallan en el concepto de la seducción, cada vez se seduce peor y menos. También les faltaría el carácter, en el sentido de que Don Juan Tenorio era peligroso, un amoral. Es muy difícil encontrarse a alguien con esas características buenas y malas a la vez. Sería un mafioso pero con clase, no es un macarra ni un chulo de discoteca. Doña Inés sería la mujer que es capaz de que un hombre que ha dado 20.000 vueltas con chicas, se enamore de ella. Es un personaje de luz.

El director de  la compañía Cecilio Pineda preparado para una de sus actuaciones.  

En tu opinión como profesional ¿crees la interpretación de personajes ayuda a enriquecer a los actores personalmente? Conectar con emociones y sentimientos externos, empatizar...

 

Es un privilegio, cualquiera no es apto. Hay un proceso de estudio, análisis, investigación, que por supuesto enriquece mucho. El don es poder jugar a ser otro. Es precioso darle vida a otros personajes, hay un proceso psicológico, conectar con sentimientos y emociones que no te pertenecen. Luego lo más interesante es que estas generando emociones en el público.

La clave para que la gente empatice es la verdad. Claro, los actores mentimos (ríe). Por eso se le llama farsa. Se trata de mentir de la forma más sincera posible. Que no veas al actor sino al personaje.

Es necesario que el actor se crea que es el personaje, pero hay que trabajarlo, no es una ciencia infusa. Conexión de gestos, actitudes, formas, tics… y respetarlo. Luego eso don es algo innato, que se dice en teatro: “traspasas o no traspasas la cuarta pared”. Hay actores que no te dicen nada, que son simplemente correctos.

El espectador va psicológicamente preparado para dejarse engañar.

 

 

¿Crees que la interpretación es recomendable para reforzar habilidades que pueden servir para otras profesiones? ¿Se puede considerar una terapia?

 

Si, de hecho hay cursos destinados a ello, yo los he impartido, sobre lo que el teatro aporta a la empresa, o a tu vida personal.  A la hora de hablar en público, de vender un producto, de dar una clase… A abogados, maestros… y se sorprenden.

Las técnicas teatrales te hacen un autodescubrimiento personal. Jugando a ser otro te encuentras contigo mismo, parece surrealista pero es cierto. Sales con el refuerzo personal de sentirte mejor, más seguro. Incluso hay políticos que tienen profesores de interpretación.

 

 

Así nos habla con pasión y cariño Julio Navarro de su profesión, de la cual dice estar orgulloso: “quizá hubiese dedicado más tiempo en estudiar magisterio y literatura, pero estoy contento de mi trayectoria”. Anima a todos, en especial a los jóvenes, a descubrir este mundo de historias, tan buenas como las que podemos ver en la gran pantalla, pero con un formato que debemos conocer y adentrarnos desde la intimidad, como aquellas arraigadas costumbres que marcan nuestra personalidad y día a día.