• Diario Digital | Domingo, 16 de Diciembre de 2018
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LIDÓ RICO, ARTE HECHO POR Y PARA EL HOMBRE

“La historia del arte dijo: Aparece la fotografía, ¿ahora dónde hay que buscar? Hay que buscar para adentro.”

Un 30 de noviembre nublado, húmedo y de suelo encharcado, crea una inusual atmósfera en la ciudad, más que propicia para adentrarnos en el interior del Museo Regional de Arte Moderno (MURAM), ubicado en Cartagena. Corpus le da nombre a la exposición artística, que de haber precisado de alguna otra palabra para ser presentada, esta hubiese sido casi con seguridad: Mente. Porque la obra de Lidó Rico (Yecla, 1968), a quién nos encontramos en el interior del edificio, es visual y materialmente cuerpo, pero es aún más, un canal abierto a la esencia del hombre, la intimidad, los conflictos, los miedos, y en definitiva, la verdad y la vida.

Lidó Rico. Foto: Catálogo exposición
Lidó Rico. Foto: Catálogo exposición
“La historia del arte dijo: Aparece la fotografía, ¿ahora dónde hay que buscar? Hay que buscar para adentro.”

Una escenografía apta para todos los públicos y con infinidad de interpretaciones; tantas como estados de ánimo tiene el hombre, experiencias le rodean y espectadores la visualicen, porque como dice el artista, una creación no es igual para todos los ojos ni todos los días te dice lo mismo. Subraya: “Una obra abierta es la que comunica constantemente”, lo cual es incompatible con limitar su fin a lo estético o a la búsqueda de la reacción pública deseada. Porque el suyo es arte emocional, que por supuesto nace de una intencionalidad, de la obsesión, de la pasión… pero donde el mismo proceso equilibra el todo final de la pieza.  

Así lo muestra una de sus obras más llamativas y de mayor extensión física Ni imaginar puedes lo feliz que me hace sentirte a mi lado. Este trabajo artístico nos sobrecoge ya en la sala recibidor. Miles de personajes de una lograda expresión pero de rostro impersonal interactúan angustiosamente entre ellos y con objetos que tienen en posesión o les rodean. No parecen guardar relación entre sí: panes, pistolas, teléfonos, biblias, aves desplumadas, tableros con pequeñas calaveras, puños… Entre los rostros abundan los pasamontañas y las gafas de buceo, que ocultan una identidad avergonzada, miedosa, torturada, hiriente o herida; pero en todos los casos perturbada.

La obras permanecerán abiertas al público en el Museo hasta el 4 de febrero de 2018. Con el siguiente horario: de martes a viernes, de 10:00 a 14:00 y de 17:00 a 19:00 horas; los sábados, de 11:00 a 14:00 y de 17:00 a 20:00 horas, y los domingos y festivos, de 11:00 a 14:00 horas.

Resultado de imagen de Lidó Rico ni imaginar puedes lo feliz que me hace sentirte a mi lado
Ni imaginar puedes lo feliz que me hace sentirte a mi lado, en el museo Muram (Cartagena)

Imposible de adivinar de una sola mirada lo que la obra intenta decirte. La carga conceptual te absorbe intentando empatizar con la historia de cada figura y buscando un sentido al todo común. Lidó solo nos adelanta que la obra surge del concepto de los siete pecados capitales; cosa inquietante teniendo en cuenta un título que parece haber sido sacado de las más románticas de las historias de amor; tan inquietante como una película de terror en la que la espeluznante bestia vive alojada en el cuerpo infantil de un niñ@.

El material tiene un acabado compacto de un color que me recuerda a la cera de vela. Dan ganas de estrujarlo entre los dedos, pero sería totalmente inútil, es duro: “resina de poliéster y marmolina en polvo que le confiere el color”, nos indica al paso de alguna de sus creaciones, ya que lo utiliza en muchas de ellas. “Me siento muy identificado con la resina como material de trabajo, es transparente como el agua que es el gen de la vida”. En sus piezas hay formas matéricas que no responden al instinto del artista, ni una intención estética, sino a una necesidad técnica: como el uso del pasamontañas o las gafas de buceo para que su piel, utilizada como molde, pueda descansar del contacto directo con la escayola.

De ahí que este se empeñe en resaltar que sus obras no son solo el resultado, y hay mucho del proceso que queda latente en ellas: los ojos cerrados, las caras de angustia, etc., son atributos imperecederos en el acabado pero circunstanciales en su elaboración: “No es posible abrir los ojos metiendo la cabeza en escayola”, “los gritos de los personajes surgen cuando para poder respirar abro la boca”. Y sin quererlo, le atribuyen un significado: hablan del encuentro con el “Yo” al que tanto miedo nos da escuchar, con el conflicto interno, con la autoconciencia… Esa cara oculta de la sociedad de la apariencia que el artista yeclano quiere revelar.

Imaginar su cuerpo sumergido en escayola es una idea que provoca mucho escepticismo, incluso para los sabidos del campo artístico, que instan al artista en más de una ocasión, a que se redima de la “mentira” y confiese el uso de un material menos arriesgado como podría ser el alginato, utilizado en odontología. “¿Por qué hacerlo? Por la necesidad de contacto; tomar conciencia de tu propia piel, tu cuerpo, que no sea algo ajeno. Varías obras siguen los mismos parámetros por este motivo”. Método con el que dice haber pasado etapa, que le ha provocado depilaciones no deseadas y casi accidentes, en el riesgo de dos minutos de margen para conseguir el molde sin quedarte pegado con riesgo mortal.

Imagen relacionadaLidó Rico sumergido en escayola para sacar los moldes para sus obras

“El ser humano es un milagro, y hemos perdido la conciencia de ello”, afirma. Todo su trabajo se centra en torno al “Ser”: recuerdos, objetos, y formas corpóreas entre las que abundan los cráneos, a veces dispuestos en espiral recuerdo de una vida ligada irremediablemente a nuestros antepasados y generaciones futuras, cráneos que conforman otros cráneos, con lentes que alojan una imagen en su interior, con acabados en diferentes colores aplicados a la resina… Otro de sus habituales son los dedos, en el interior de tarros, de cubos tridimensionales, o alterando materiales a su paso a temperatura de fusión; una de las primeras formas humanas que empezó a utilizar en sus piezas.

Lidó es amigo de la precariedad, trabaja con materiales cotidianos que podrían estar a la mano de cualquiera: antiguos muñecos de su hija, leche, su propio pelo, u objetos de su etapa en suiza o parís son algunos de ellos; cosas simples que evocan ideas profundas. “Mi vida es mi propio material, mi pasado es mi material”, algo definidor de su arte. “Al final cada uno genera su moda trabajando con la verdad, si trabajas en un sistema precario la moda saldrá ahí, todo está hecho para que te genere dudas y puedas elegir entre una cosa u otra, por ello tenemos un nivel de manipulación muy fuerte”, dice, haciendo alusión a un sistema capitalista en el que prima sobre cualquier factor la cantidad de beneficios.

Imagen relacionada
Pieza Bombas de Racimo, espiral de cráneos en resina de poliéster

El incansable autor tiene un natural rechazo a la “parafernalia” que se genera entorno al artista: “No soy un erudito, solo busco aportar. Creo que es lo bonito de la vida, hacer lo que te gusta y que pueda trascender a alguien”. La controversia en él surge desde dentro. Política, filosofía y religión, de esta manera define el arte, que dice no necesitar de ningún tipo de decoro o espectacularidad. Lidó Rico nos anima a acercarnos y mirar “sin miedo” cada una de sus obras y el Arte, apuesta por la convergencia entre esta y cada una de las disciplinas que conforman nuestra sociedad y de las que necesita nutrirse, porque el Arte es vida: “No es monopolio de nadie, hay que mirarlo sin complejos”