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  • Diario Digital | lunes, 10 de agosto de 2020
  • Actualizado 18:39

EL ARTE POLIVALENTE DE RAMÓN GAYA

Tinta en la sangre, pintura en el corazón

Ramón Gaya es más conocido en la Región de Murcia por su faceta como pintor, pero escribió también numerosos textos tanto periodísticos como poéticos.

 

Ramon Gaya
Ramon Gaya
Tinta en la sangre, pintura en el corazón

En la plaza Santa Catalina, en el centro de la ciudad de Murcia, late un corazón artístico. A la sombra de los árboles y de la iglesia que da nombre a la plaza se levanta, elegante aunque sencillo, el Museo Ramón Gaya.

Los afortunados que sucumban a la tentación de entrar podrán encontrar dos clases de exposiciones. La permanente, expuesta en la planta superior, nos ofrece los retratos, lienzos, bodegones y demás obras del autor. En la planta inferior se celebran las exposiciones temporales y alguna charla o conferencia, aunque estas suelen darse en la misma plaza, aprovechando el buen clima de Murcia.

Pero… ¿quién fue Ramón Gaya? ¿Fue únicamente un pintor? ¿Qué legado artístico nos dejó este hombre, fallecido en 2005?

¿Quién fue Ramón Gaya?

Nació en 1910 en Murcia. Sus padres eran catalanes, pero se trasladaron por la exigencias del trabajo del padre, que era obrero. Fue aquí donde conoció a Pedro Flores y Luis Garay, amigos pintores de su padre. Siendo tan solo un niño dejó la escuela y empezó a pintar. A sus diecisiete años obtuvo una beca del Ayuntamiento de Murcia con la que fue a Madrid, al Museo del Prado, ahí conoce a Juan Ramón Jiménez y a casi toda la generación del 27. Es entonces cuando comienza a desarrollarse su faceta dedicada a las letras, aunque faltaría tiempo para que empezase a publicar artículos y obras literarias.

No es hasta el estallido de la Guerra Civil que comienza sus pasos en la escritura. Tras unirse a la Alianza de Intelectuales Antifascistas, colabora en la revista ‘’La Hora de España’’, donde es parte del consejo de redacción  y el único viñetista. Con el fin de la Guerra Civil, y tras la derrota del bando republicano, pierde a su esposa en un bombardeo en Figueras, cuando iba a dejar el país. No consigue huir a México, y en su lugar pasa diecisiete años en el campo de concentración Saint-Cyprien. Finalmente, desde 1939 a 1952 permanece en México, huyendo del régimen franquista.  Aquí continúa su trabajo como pintor y como escritor, colaborando en las revistas ‘’Taller’’ o ‘’El Hijo Pródigo’’, revistas de literatura con un fuerte compromiso social que, por desgracia, no duraron demasiado tiempo.

Durante su exilio en México escribe numerosas cartas a amistades, donde nos encontramos a un Ramón seguro de sí mismo y de lo que hace, consciente de que su carácter directo al hablar y actuar le genera alguna antipatías. Sin embargo apenas hay quejas, apenas habla de sí. Si que se deja ver, sin embargo, el profundo amor que siente por su vocación de pintor. También expresa su deseo de volver a Europa, y asentarse en Roma.

Al volver de su exilio, en 1952, pasa un año viajando por diferentes capitales europeas. Sus experiencias, pensamientos y notas serían publicadas a modo de recopilación en 1984, por la editorial Pre-Textos, bajo diversos títulos como ‘’Ramón Gaya: Cartas a sus amigos’’Además, antes de eso, en 1960, publica ‘’Sentimiento de la Pintura’’ una obra inspirada en su vida en Roma. Ese mismo año, el 4 de marzo, regresa finalmente a España, donde publica, en 1969, su obra literaria más representativa; ‘’Velazquez, pájaro solitario’’

Su carrera literaria se forjó a base de artículos de prensa, ensayos, cartas, crónicas de viajes y poemarios. La influencia de la pintura y de los artistas que conoció durante su vida está presente en sus letras, que fueron muy poderosas gracias a su espíritu comprometido con la difícil realidad que le tocó vivir. Él mismo trataba de plasmar en sus obras esa realidad  con el mayor detalle posible. Por otro lado, la sencillez y claridad de sus poemas los dota de una belleza poderosa y transparente que expresa las emociones sin florituras ni excesos. Su obra posee, en general, una belleza austera y eficaz.

En 1985 le conceden Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes. En 1990, su ciudad natal, Murcia, inaugura un Museo dedicado a su obra. La Universidad de Murcia lo nombra doctor honoris causa en 1999. En 2002, es además el primer premiado por Premio Velázquez de Artes Plásticas. Finalmente, tras varios premios, exposiciones y reconocimientos, fallece el 15 de octubre de 2005.

Mano Vacante - Ramón Gaya

 

La mano del pintor -Su mano viva-

no puede ser ligera o minuciosa,

apresar, perseguir, ni puede ser ociosa,

dibujar sin razón, ni ser activa,

 

ni sabia, ni brutal, ni pensativa,

ni artesana, ni loca, ni ambiciosa,

ni puede ser sutil ni artificiosa;

la mano del pintor -la decisiva-

 

ha de ser una mano que se abstiene,

-no muda, ni neutral, ni acobardada-,

una mano, vacante, de testigo,

 

intensa, temblorosa, que se aviene

a quedar extendida, entrecerrada:

una mano desnuda, de mendigo.